Ante todo te doy la razón en que el cambio es constante e inevitable (ese río de Heráclito que es el mismo río y sin embargo no es el mismo). Pero reaccionarios los hay de todo signo, por ejemplo los que se oponen a debatir racionalmente sobre la necesidad de acompasar nuestra legislación laboral a la de los demás paises europeos (por ejemplo esa estructura de flexibilidad laboral y a la vez protección de los paises nórdicos -Holanda-) visto el gran fracaso de nuestro mercado laboral, que sólo se soporta por el agrandamiento de un colchón llamado economía sumergida.
Una de las grandes aportaciones de la escuela austríaca de economía es el concepto “soberanía del consumidor”. Dentro del “consumidor” nos encontramos a todos los ciudadanos (pues por el principio de división del trabajo nadie puede proveerse individualmente todas sus necesidades); todos somos consumidores. Este gran dictador inmisericorde es que el que regula: si el empresario no se amolda a los deseos de sus compradores tendrá que cerrar el negocio; si otro vende el mismo producto más barato el consumidor no tendrá piedad e irá allí a comprarlo. Nadie duda de que el empresario (que es a la vez consumidor; que podrá también dejar ser empresario y volverse asalariado si fracasa) persigue acrecentar sus bienes materiales (como también cualquier hijo de vecino: es decir, un obrero), sin embargo deberá tener muy presente al mercado si quiere mantener su posición. No es que sea benevolente (sí es benevolente la derecha alemana bismarkiana paternalista inspirada curiosamente en Lasalle -siempre me ha maravillado esa confluencia entre conservadores y socialistas de esa primera época). Bien, lo que yo quiero decir es que es esta fantástica dinámica -consumidor, mercado- la que ha hecho junto con el ahorro (y su conversión en bienes capitales) que haya prosperado tanto el Occidente capitalista, habiéndose logrado sin duda el mayor bienestar histórico.
Así las cosas, amigo, fuera de concreciones partidistas que a mí particularmente me vuelven muy escéptico, no creo que preguntarse, reflexionar o siquiera tener la intuición de que es lo mejor o puede serlo tiene porque estar condicionado a la clase social a la que uno pertenezca; visto lo errático del devenir partidista (yendo de un lugar a otro, tanto de un signo como otro: ¿habrá que recordar que los liberales del XIX -entonces considerados de izquierda- son hoy considerados diabólicos derechistas?). Todo ello sin perjucio del esperpento que has enlazado referido a la asistencia sanitaria a parados (sin duda).
Quiero por último -a modo ilustrativo y de reflexión- señalarte como grandes pensadores (fundamentalmente intelectuales y universitarios) inicialmente de pensamiento socialista, a través de sus reflexión intelectual han terminado en lo liberal ((Hayek)".




